liderazgo1Aquel día habíamos como unas 40 personas reunidas dentro de un salón de conferencias.

El lugar del esperado evento se había programado en la ciudad de San Diego, California para lo cual tuve que viajar desde Phoenix hasta dicha ciudad.

Se trataba de un entrenamiento intensivo para los nuevos asesores financieros de la compañía para la que trabajaba allá por el año 2005…

¡Apenas cabíamos!

La capacitación era impartida por uno de los grandes líderes de la empresa, quien había prometido compartir con nosotros todas las claves de su Éxito.

Habian generado un ambiente de exclusividad pues tuvimos que calificar para estar ahi.

Por todo ésto, se había creado bastante expectación.

La mayoría fuimos puntuales al llegar a las 6 de la mañana, pero se dieron las 3 de la tarde, y a este señor no se le veía la más mínima intención de terminar su conferencia. Seguía hablándonos como un poseído sin menguar su increíble ánimo y derroche de energía.

Aun así, el evento valió la pena. Cada minuto de su plática fue de increíble contenido. Realmente me siento halagado de haber estado ahí ese día.

Durante toda la presentación, no dejé de tomar apuntes y de prestar atención a cada palabra que se decía.

Estuve analizando en detalle cada una de las acciones de ese expositor así como estudiando los procedimientos desarrollados a lo largo de su presentación.

Pura sabiduría.

Quizá ya ni me acuerde bien de su nombre, pero lo que hizo por Elmer en aquella ocasión, eso sí no se me olvida.

El instructor, de origen oriental, era de un magnetismo tremendo y envolvía a toda su audiencia de una manera natural.

Desafortunadamente, notó que uno de los asistentes estaba dormitando mientras él explicaba uno de sus apasionados temas.

… y lo que hizo aquí me dejó realmente impactado.

Cuando vió lo que pasaba, este líder paró de hablar y se dirigió hacia el dormido de forma directa preguntándole frente a todos:

– Oye campeón, despierta. Cómo te llamas?

– Elmer –le contestó, medio dormido y asustado.

– Elmer, no puedo creer que no estés prestando atención a lo que digo. ¡Esta información me ha costado muchos años y mucho esfuerzo para obtenerla! ¡Y tú no la estás aprovechando!

Mira que te está hablando un millonario y te está diciendo ¡cómo es que tu también puedes ser millonario!

¿Cómo es posible que estés desaprovechando la oportunidad? ¡Muchos otros habrían querido estar aquí en tu lugar!

– Discúlpeme, me ganó el sueño, no lo pude controlar –contestó Elmer.

– Para cualquier expositor es realmente frustrante ver que alguien se está durmiendo mientras uno habla. Pero debe de haber una razón para eso. Quizá no lo estoy haciendo bien… Te estoy siendo enfadoso? La información no vale la pena?

– No, para nada. Todo está muy bien.

– Entonces, porqué te estas durmiendo?

– Es que anoche estuve cuidando a mi hija que acaba de nacer, pues mi esposa aún no se recupera del parto… y casi no dormí…

Todos quedamos callados ante la respuesta. Y hubo un silencio que permaneció por unos momentos, mientras el instructor analizaba esa situación con los brazos cruzados, jugándose la barbilla, en silencio.

– Elmer –le dijo al final-, te voy a ayudar. Esta información es necesaria que la aprendas hoy. Te va a servir el resto de tu vida y tienes que estar en todos tus sentidos.

¡Levántate! –le ordenó con fuerza a Elmer.

Y tomándolo del brazo, el instructor nos pidió que le diéramos un aplauso para que despertara… ¡la ovación no se dejó esperar!

Empezamos a aplaudir y gritar con tanto ánimo que Elmer no podía menos que brincar y llorar de la emoción…

¡Había despertado por completo!

Entonces el instructor le dijo algo que jamás voy a olvidar:

Elmer, ¡no te voy a dejar dormir! Me voy a encargar de que estés despierto el resto del entrenamiento… Si estas de acuerdo, te voy a estar haciendo preguntas a lo largo del entrenamiento para que estés con toda tu atención.

Y así fue.

Cada 5 o 10 minutos, se dirigía al muchacho y le preguntaba: ¿Cómo estás, Elmer? ¿Estás bien? ¡No te duermas! ¡Ánimo!

Este hecho quedó grabado en mi memoria como algo imborrable.

Ese día se presenció el ejemplo de un verdadero líder.

Liderazgo significa “La capacidad y voluntad de conducir a hombres y mujeres a un propósito común y a un carácter que inspire confianza.” –Bernard Montgomery.

En pocas palabras, el ser un verdadero líder significa EL AYUDAR A OTROS a triunfar.

Tan simple como eso.

Desafortunadamente muchos “líderes” sólo piensan en sí mismos y en exigir resultados.

Tu cómo reaccionas ante los problemas de tus compañeros?

¿Los ayudas?

¿Los motivas?

¿Propones ideas para mejorar la situación?

¿O simplemente los criticas, te burlas, los despides y buscas nuevos integrantes “para evitar el stress”?

¿O quizá, como muchos otros… “pospongas tus metas”, convirtiendo esta actitud en un hábito enfermizo que sólo te llevará al fracaso en todo lo que emprendas?

Logra tus metas. Si salen impedimentos o problemas, descubre qué es lo que pasa y ayuda a tu asociado o a tu empleado a salir adelante.

Recurre a lo que dijo Pablo en 1ª de Tesalonicenses 5:11: Anímense y edifíquense unos a otros… (14)… animen a los de poco ánimo, apoyen a los débiles, y sean pacientes con todos.

Recuerda una vez más: “Si no tengo Amor, nada soy. Y cualquier cosa que haga, sin Amor, de nada me sirve.”

Analízate. ¿Estás llevando a cabo el mandato?…

Deseándote a través del tiempo y la distancia el mejor de los esfuerzos,

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