facundo-cabralEl pasado 9 de Julio de 2011, mi buen amigo Facundo Cabral llegó por fin al final de su recorrido por este planeta.

Sin piedad, 8 certeras balas lo invitaron a pasar al otro mundo.

Me atreví a escribir este artículo con la finalidad de dejar plasmado algo de lo que aprendí de este señor en varias de las ocasiones que me tocó coincidir con él.

La primera vez que tuve el privilegio de estrechar su mano fue aquella vez que se presentó en Nogales, Sonora, México. Quizá era el año de 1990…

Al final de su concierto, se dirigió a un lugar dentro del edificio para tomarse fotos con sus fans y ahí fue donde lo abordé para decirle directamente:

“Facundo: yo no vengo a tomarme una foto contigo, sino a darte un abrazo de agradecimiento y admiración”

Ese fue uno de los abrazos más profundos que registra mi mente sin lugar a dudas.

Lo curioso del dato es que esa vez si me tomé una foto con él, pero el fotógrafo nunca me la dió.

Después, en otra ocasión, justo al querer retratarme con Facundo, se acabó el rollo… (Jajaja… cuando todavía no había cámaras digitales).

En otra ocasión, la cámara se descompuso, en otras, no llevaba cámara… etc. etc.

Hoy me doy cuenta que cada vez que tenía la oportunidad de estar a su lado, por alguna razón del destino esa foto no se llevaba a cabo.

Quizá esa frase de “no vine a tomarme una foto contigo” se convirtió en un hecho para siempre.

Facundo Cabral era alto, quizá de mi estatura (1.98 metros). Su presencia transmitía una gran energía. Su palabra mucha paz. Su canto un gran mensaje. Su mano un calor fraternal.

Era un placer coincidir con él.

Alguna vez, aquí en Phoenix, Arizona, estuve presente en uno de sus conciertos (creo fue cuando vino con Alberto Cortez para “Cortezías y Cabralerías”).

Esa vez, después de haber terminado el concierto, bajaba del escenario seguido y apretujado por cientos de seguidores queriendo saludarle.

Los encargados del evento le habrían paso entre toda esa gente que empujaba a Facundo sin dejarlo caminar con facilidad.

La gente le gritaba. Lo saludaba. Le pedían autógrafos. Todo ésto mientras el avanzaba lentamente balanceándose entre el escándalo de la multitud.

Cuando pasaba frente a mí, le dije en su rostro:

“Facundo: ¡mira todo lo que provocas!”

En eso, Facundo detuvo su camino, volteó hacia mí y se sonrió tranquilamente.

Con la infinita paz que lo caracterizaba, se señaló a sí mismo y se negó con el dedo, como diciendo: “ALFONSO, NO SOY YO”.

Acto seguido alzó el brazo y apuntó al cielo… como queriendo recordarme algo que tanto lo oí decir:

“Dios fue el que me trajo… aquí y ahora”

Sonriendo, siguió su camino entre más empujones y gritos de la gente.

Sin palabras, sin apuros…

LA CANCION

El día de los ataques terroristas en Nueva York (11 de Septiembre de 2001), yo estaba dentro de un estudio de grabación grabando la voz para una de las canciones de Cabral.

Esa canción es la de “Este Es Un Nuevo Día”, la cual grabé algo mas rítmica y con toques de guitarra flamenca.

La canción, ya finalizada, se la hice llegar al Maestro quien se sintió muy complacido con la nueva versión.

Las canciones quedarán para las generaciones futuras”, me comentó en aquel entonces…

Fueron varias las veces que platicamos tanto personalmente como a través del correo electrónico.

Una de las frases que me compartió en uno de sus mensajes es la de:

Espero vernos pronto para compartir el vino y el pan”…

Espero, mi hermano, que la invitación siga abierta… algún día –Dios sabe cuando– nos volveremos a encontrar.

Alfonso Inclan

FRASES Y ANECDOTAS DE FACUNDO CABRAL

Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos.

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Todo esto y mucho más, lo aprendí de mi madre, se llamaba Sara, la elegí como madre por la misma razón por la que Dios la eligió como hija. Nunca pudo aprender nada puesto que, cada vez que estaba por aprender, llegaba la felicidad y la distraía. Nunca usó agenda porque hacía sólo lo que amaba y eso, se lo recordaba el corazón. Se dedicó sólo a vivir y no le quedó tiempo para otra cosa.

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Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo para acercarse a la casa del zapatero en que le dijo:

“Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda encima y mis sandalias están rotas, si tu me hicieras el favor.”

A lo que el zapatero le respondió: “Aquí todo el mundo viene a pedir y nadie a dar.”

Dios le dijo: “Yo puedo darte todo aquello que tú necesites.”

¿Tú podrías darme un millón de dólares para que yo fuera feliz?

Yo puedo darte diez veces más que eso a cambio de algo; a cambio de tus piernas.

A lo que el zapatero le respondió:

“Para qué quiero yo diez millones de dólares si no voy a poder caminar sólo”.

Puedo darte, continuaba el Señor, cien millones de dólares a cambio de tus brazos.

El zapatero, inquieto le dijo: “¿Qué puedo hacer yo con cien millones de dólares si no voy a poder comer solo?”

El Señor le hizo la última tentativa al zapatero. Te voy a dar mil millones de dólares a cambio de tus ojos.

El zapatero, asustado ante el mendigo le respondió: “Qué hago yo con mil millones de dólares si no puedo ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos.”

El señor le dijo: “Ah, hermano, hermano, qué fortuna tienes y no te das cuenta”…

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Me marché del pueblo dejando una novia. Muchos años después, al volver, me encontré una cuñada. Me quedé mirándola y, al ver lo que había hecho el tiempo con ella, me acerqué a mi hermano y le dije: ¡Gracias¡

En aquella ocasión, mi hermano, acudió borracho a una fiesta del pueblo y sacó a bailar a una gorda vestida de negro, la que le dijo: No quiero bailar con usted por tres razones, porque usted está borracho, porque no sé bailar y porque soy ¡¡ el obispo¡¡¡

Me sorprendí cuando los periodistas corrieron a la casa de la madre de García Márquez, tras haber ganado éste el Nóbel. Todos estaban deseosos de conocer la opinión de la madre de Gabo, a lo que la señora les contestó: Yo no se nada de literatura, yo sólo sé que el Gabo tiene mucha memoria porque todo eso que escribió se lo contaron. Esto me recuerda al inefable Juan Rulfo, cuando las gentes le pedían, casi le reclamaban del porque no escribía, a lo que él respondió: No escribo porque la gente que me contaba las cosas, se murió.

Me gusta volver a Roma, principalmente al Trastébere. Una tarde de otoño me encontré, en el Campo di Fiori con un señor al que todos quisimos mucho. Les estaba echando migas a las palomas. En aquella época el maestro tenía 88 años. Estaba allí, con su mujer. No me pude resistir; me acerqué y le dije: Es usted quien yo creo? Me contestó. ¡Yo soy el que tú quieras! Entonces le dije: ¡Es usted el maestro! A lo que me respondió, el maestro es el que te puso a ti delante de mí, y a mí delante de ti, yo sólo soy Arthur Rubinstein.

Me gusta volver a México, allí, en San Cristóbal de las Casas acudí al templo donde oran los Chamulas y me quedé perplejo. Cambiaron las ofrendas. Ahora le llevan al templo huevos de gallina y Pepsi-Cola… ¡Como si Dios no supiera que no hay nada como la Coca-Cola¡

Un día me dijo Alberto Cortez: “Facundo: vos sabés porque los argentinos hasta los cuarenta años somos engreídos, petulantes, soberbios. ¿Sabes por qué? ¡Porque a partir de los cuarenta somos perfectos¡” Y yo le dije: ¡Gracias, Alberto¡

Me apasiona volver a Guadalajara. México es como mi casa. La Guadalajara de Arriola. Me encanta escuchar al maestro Juan José Arriola. Él me dijo un día: “Nosotros, que somos buenas gentes, vamos a tener muchos hijos para que los malos no nos sigan ganando las elecciones.”

Me gusta volver a la Guadalajara del Chente Fernández, que me dijo un día: “Hay dos cosas que un buen charro debe tener: una buena vieja y una buena mula, eso sí, que la mula no sea muy vieja y que la vieja no sea muy mula”

El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada.

La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad.

El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió.

Por el mundo caminado, he podido comprobar que el que fácilmente halaga, fácilmente insultará.

El amor nunca se muere, sólo cambia de lugar.

La vida es el presente y eternamente lo has de gozar.

Tienes un cerebro como Einstein, tienes un corazón como Jesús, tienes dos manos como la Madre Teresa, tienes una voluntad como Moisés, tienes un alma como Gandhi, tienes un espíritu como Buda. Entonces, cómo puedes sentirte pobre y desdichado.

Mi hermano trabajaba en correos y un día le pidió dos horas de permiso a su jefe y éste se las negó. Mi hermano le dijo: “Mire usted, es que voy a ser padre. El jefe le dijo, haber empezado por ahí. Tómese el tiempo que quiera y que le vaya bien. Como a las cinco horas regresaba mi hermano y el jefe le dijo: “¡Qué, niño o niña? “ Que se yo, viejo, ahora hay que esperar nueve meses.

“Mi abuelo era un genio para los números. Pasábamos un día por un campo y me dijo; “Ahí hay trescientas ochenta y cuatro vacas.”. Yo, estupefacto le pregunté: ¿Cómo haces para saber tanto de números, para saber con exactitud el número total de vacas? Muy sencillo: cuento el total de las patas y las divido por cuatro.

Un marinero le dijo a mi abuelo: “Si me das cuatro hierros te construyo un barco.” Y mi abuelo le respondió: “Si tú me das a tu hermana, te hago la tripulación.”

Mi hermano fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad. Y es comprensible: el joven que no es socialista no tiene futuro y el adulto que no es conservador es que no tiene cabeza. Mi hermano decía que el dinero no hace la felicidad, pero la pobreza menos, así que decidió pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad.

Mi sobrino escuchó a su padre que un día le dijo: “Siéntate ahí que vamos hablar del sexo.” Mi sobrino, con doce años, se quedó mirando a su padre y le dijo: “¿Qué quieres que te explique, papá?”

Estábamos un día en Nueva York y, a la salida del teatro Lincon Center, se me acercó un periodista y me espetó: “Señor Cabral. Yo estoy de acuerdo en todo lo que usted ha dicho esta noche, excepto en que Dios es siempre justo. Si Dios fuera siempre justo, usted debería tener tanto difusión, tanto éxito como Julio Iglesias.” A lo que yo le respondí: “Claro que Dios es siempre justo. Julio Iglesias tiene más difusión, más éxito que yo puesto que necesita del dinero mucho más que yo para vivir. Yo, que necesito más libertad que Julio para vivir, por eso Dios me hizo más libre.

América, Estados Unidos, es el único lugar del mundo donde uno puede ser un mal actor y un mal presidente, todo a la vez. Allí, en Estados Unidos, los negros se hacen boxeadores para poder pegarles a los blancos legalmente…

Mi tío, que sabia casi todo, me dijo un día: “ Si nos sacaran todas las pendejadas que nos han enseñado, por lo menos seríamos Octavio Paz.”.

Mi tío me decía que fue seis años a la escuela, ¡pero nunca entró¡

La gente es todo lo vieja que quiera ser. He visto algunas muchachas con 20 años y estar totalmente envejecidas, por el contrario, conozco a una muchachita con 83 años, Teresa de Calcuta, que nos enseña a vivir todos los días.

Un negro en la nieve es un blanco perfecto.

Me contaba mi abuela en torno al día que murió Carlos Gardel. Esto ocurría en el año 1935. La noticia fue difundida por la radio. Se hicieron eco todos los barcos extranjeros anclados en el puerto de Buenos Aires. Se pusieron a sonar todas las sirenas al mismo tiempo, alguien dijo que en señal de duelo. ¿Qué sentiste ante la muerte de Gardel, abuela? A lo que ella me contestó: “Caramba, ahora si que somos pobres de verdad!!”

Si amas al dinero a lo sumo llegarás a un banco, pero si amas a la vida, seguramente llegarás a Dios.

Un hombre que habla con las palomas no está loco, sino, benditamente enamorado.

La humanidad no es una caravana de desesperados, sino una bendita familia festejando el amor.

Yo sigo siendo tan inocente que, me sigue alumbrando la bendita esperanza de que un día, los poetas gobernarán el mundo

Me gusta volver al Ecuador y sentarme frente al Cotopaxi, el volcán sagrado, principalmente en sábado. Me gusta volver a Calcuta porque ese es el centro de la Madre Teresa. Me gusta volver a España, porque allí reina la alegría.

Un día, al volver a mi pueblo me encontré a mi hermano llorando porque lo había abandonado su mujer. Mi madre me preguntó que cuantos habitantes habrán en el mundo. No lo se con exactitud, le dije, pero se calcula que habremos unos cinco mil doscientos millones de personas en el mundo. Y dijo mi madre: “ Y con tantos miles de millones de personas que hay en el mundo, hay algunos que lloran por uno solo. Es como si tuviera uno cinco mil millones de pesos y lloraras porque has perdido un peso.

Bienaventurado el Mahatma Gandhi que fue el que dijo que hace casi dos mil años que estamos festejando el amor; o sea, el nacimiento de Jesús, no el de Herodes.

Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena.

Si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos, aunque sólo fuera por negocio.

El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace mucho más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, existen millones de caricias que construyen la vida.

Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y, el segundo, la libertad para vivirla.”

La oración dilecta de mi madre decía: “ Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mí. Y por último te pido perdón por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes de que los cometa. ¡ Tanta es tu misericordia amado Señor¡

La señora Indira Gandhi le encantaba desayunar conmigo, me invitaba muchas veces para que le contara historias de Eva Duarte, a la que admiraba de forma profunda, tanto como yo la admiré. Cuando ya le conté todo cuanto supe de Evita, comencé a inventarme bellas historias de ella, pensando que la señora Indira no se iba a dar cuenta. Un día, la señora Indira me dijo: “Facundo, te espero mañana para desayunar, espero me sigas contando historias de Evita… aunque sean inventadas.”

La maestra de mi pueblo se llamaba Dorotea. Era muy respetada por todos. ¡Por eso se marchó del pueblo, para ver si tenía más suerte!

Mi pueblo tenía una sola calle. Un día, un alcalde progresista, dijo que la calle sería de dirección única. Así que los que nos fuimos, nunca pudimos volver sin cometer una infracción.

Yo les digo a los pobres lo mismo que les digo a los ricos: Contar conmigo ya que, con amor todo es posible.

Un día me encontré a un mendigo sentado junto a un basurero, al que le pregunté cual era el mejor lugar del mundo, a lo que él me respondió: “Este. Si aquí me trajo Dios, dudo que en el mundo hubiera encontrado un lugar mejor para mí.”

La ignorancia es un modo inconsciente del mal.

Mi abuelo persiguió a las muchachas hasta los noventa años. Pero ya no se acordaba para qué.

Usted bebe mucho, le dijo el médico a mi abuelo que tenía el mal de parkinson. Y mi abuelo le dijo: no crea se me cae bastante.

Somos hijos del amor, por lo tanto no es difícil sospechar que nacemos para la felicidad. Fuera de la felicidad son todo pretextos. Además debemos ser felices por nuestros hijos, pues nada hay como recordar padres felices.

Somos hermanos de Heráclito, aquel que sabía que no bajaremos dos veces al mismo río, porque no nos bañaremos dos veces en las mismas aguas. La vida es cambio constante.

Somos hermanos de Macedonio Fernández, el que decía: no creo en la vida de lo que no se ama ni en la muerte de lo amado.

Somos hermanos de Demócrito, el que se hizo quemar los ojos para poder pensar; porque decía que el mundo era tan bello que lo distraía.

Somos hermanos de la Madre Teresa, la que sabía que el lugar del hombre está donde sus hermanos le necesitan. ¡Vean que familia!

“ No hieras ni ofendas a nadie, pues de uno en otro, puede volver a ti convertido en una bomba.”

” No hay que ser pobre para alegrar a Dios, porque el Señor no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos.”

” Dios te quiere feliz y para ser feliz hay que hacer lo que uno ama; porque el amor te acerca a todo, porque el amor es valiente; es la antítesis del miedo, que es el peor dictador”

” Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tienen un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol.”

” La sociedad humana esta tan mal por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos.”

” Bienaventurado el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día.”

” Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla.”

” Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria, decía Martín Fierro. Yo digo: el olvido es una gentileza de Dios.”

” Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le puso alas a mi vida, imagen, que me transformó en esto que soy; un hombre rico, inmensamente rico, en la condición que sea y donde fuere.”

” Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices.”

” El Señor no nos va a preguntar que hicimos con el dinero, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir.”

” La vida es hambre o festín. Tú eliges.”

” Para vivir mejor, hay que ser mejor. Nadie puede hacerlo por vos.”

“Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien.”

Diría mi madre: Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio.

Pregunté a la Madre Teresa en Calcuta: ¿cuándo descansa? y me dijo: Descanso en el amor. Le pregunté: ¿cuál es el lugar del hombre? y me dijo: Donde sus hermanos lo necesitan. Le dije: nunca la escuche hablar de política, y me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la política, una sola vez me detuve 5 minutos a escuchar un político, y en esos 5 minutos se me murió un viejecito en Calcuta.

El poeta indio Tagore, que bautizara “Mahatma” (es decir, Alma Grande, a Gandhi), decía que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, más cuando el hombre canta, Dios lo ama.

Mi madre poco antes de morir, me dijo: muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas.

Cuando le pregunté a Borges porqué no había libros suyos en su biblioteca, me dijo: porque sigo teniendo el hábito de la buena lectura. Cuando le pregunte qué le había parecido Arreola, que acababa de visitarlo, me dijo: es un verdadero caballero, me dejó dos o tres silencios. Cuando le pregunté por Cien años de soledad, que le habían leído, me dijo: los primeros cincuenta años son memorables…

Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso.

Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentía que Dios recién había salido.

Juan Francisco, mi ahijado, a sus dos años de edad me dice que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates… que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio.

Una señora, impresionada por ver a la Madre Teresa bañar a un leproso, le dijo: yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dolares, a lo que Teresa contestó: Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor.

Pregunté a un viejo Tarahumara porqué no usaban armas para defenderse de los cuatreros, y me dijo: “Si las armas fuesen necesarias, habríamos nacido con ellas

La oración dilecta de mi madre decía: Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a tus muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mi. Y por último te pido perdón por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes que los cometa, ¡tanta es tú misericordia amado Señor!

Me dijo un campesino chino: Si quieres ser feliz un día emborráchate, si quieres ser feliz una semana cásate, si quieres ser feliz toda la vida se jardinero.

Cuando me fui de mi casa, niño aún, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo la libertad para vivirla.

Alguna vez me preguntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir?, ¡porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez!

El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso -una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida-.

Facundo Cabral nació en un puerto argentino en mil novecientos treinta y siete, y desde que aprendió a caminar no se detuvo jamás.

Cuando se fue de su casa, niño aún, su madre lo acompañó a la estación y, cuando se subió al tren, le dijo:

Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo libertad para vivirla.

Facundo cuidó de esa libertad como nadie, por eso fue uno de los pocos hombres independientes que caminó por este planeta, un lobo estepario que pasó por las ciudades para cambiar la metalidad de la gente… 

Tanto, que muchos dejaron las drogas o la idea del suicidio después de haberle escuchado….

Nunca se detuvo en ningún lugar, ni en la fama que, dice, “es asunto de los demás, no mío, porque yo vivo no vivo ni con ella ni por ella, la fama es un bullicio que sucede fuera de mi“.

Con su muerte, su fuego ganó en calidad porque antes quemaba y ahora… ilumina.

Descansa en Paz, por fin, incansable Amigo.

Seguire pendiente para, cuando Dios lo quiera así, compartir por fin el vino y el pan

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